La ironía. Una figura retórica controvertida

Tal vez no haya una figura retórica tan controvertida como la ironía. ¿Por qué? Pues justo porque pretende dar a entender lo contrario de lo que se dice (o se escribe). Y esto, claro, puede inducir a confusión. Es posible que nuestra ironía no la entienda un niño, una persona autista (que aplican la literalidad a todo), o bien alguien que no esté al tanto del contexto donde se hace uso de la ironía.

Para llevar a buen término la ironía es necesario un interlocutor o un lector cómplice, alguien que se percate enseguida de que estamos dando a entender negro cuando lo que en realidad queremos transmitir es blanco.   

Por poner un ejemplo: si le decimos a Juan “Tu primo Ernesto está cada día más delgado”, Juan, que sabe que Ernesto es un hombre muy obeso, sabrá que estamos ironizando. Pero si en vez de hacerle este comentario a Juan se lo hacemos a Alfredo, que no conoce ni a Juan ni a Ernesto, no comprenderá que queremos decir lo contrario de lo que estamos diciendo.

Esto es, si a Alfredo le decimos: “Un primo de mi amigo Juan está cada día más delgado”, pensará que ese primo de Juan está, efectivamente, más delgado a cada día que pasa. Porque está enfermo, porque está a dieta o por lo que sea. Aquí no funcionaría la ironía porque, como ya se ha explicado, falta el contexto adecuado que la habilite.

Suelen decir los periodistas radiofónicos que la ironía tampoco funciona en la radio. Y puede que tengan razón.

Pero veamos ahora algunos ejemplos de ironías bien logradas

Ejemplos literarios de ironía

Disfrutad de estos cuatro ejemplos de ironía en textos literarios. Os van a gustar.

Ejemplo 1 de ironía

En ensayistas.org ponen este ejemplo de ironía, incluida en el ensayo “Nuestros indios”, de Manuel González Prada, donde el autor reflexiona sobre los abusos sufridos por los indios marginados en Perú:

“… queda el indio, pues trescientos a cuatrocientos años de crueldades no han logrado exterminarle; ¡el «infame» se encapricha en vivir!”

Ejemplo 2 de ironía

«Comieron una comida eterna, sin principio ni fin…».

La vida del Buscón (Francisco de Quevedo)

Como bien explica espoesia.com, Quevedo quiere decir que sus personajes no comieron nada.

Ejemplo 3 de ironía

Encontramos este ejemplo de ironía en Don Juan Tenorio, de José Zorrilla.

«Los muertos que vos matasteis gozan de buena salud».

Ejemplo 4 de ironía

Este ejemplo, leído en Diccionario de redacción y estilo, de José Martínez de Sousa (disponible en Amazon), recupera un epigrama de Juan de Salinas (1559-1642), dedicado a «un fraile viejo, mentiroso y falto de dientes». Dice así el epigrama:

Vuestra dentadura poca

dice vuestra mucha edad

y es la primera verdad

que se ha visto en vuestra boca.

¿Conviene usar la ironía en nuestros textos literarios?

Como habéis visto en estos cuatro ejemplos, usar la ironía con certeza supone un punto a nuestro favor, una demostración de pericia literaria. Pero no siempre acierta uno. En caso de que dudéis si habéis incluido con acierto o no la figura retórica de la ironía en vuestros escritos, lo mejor es pasarle el fragmento en cuestión a alguien de vuestra confianza para que ratifique que se entiende bien. Si no funciona la ironía, en vez de aprovechar una figura literaria, estaréis generando confusión.

Así pues, a sabiendas de que la ironía es muy arriesgada y conlleva ciertas exigencias, ¿conviene usarla en nuestros escritos? La respuesta es: «Depende». O afinando más: “Solo si hace bien”.

Por eso digo que es una figura controvertida: bien usada, es una baza literaria. Lo malo es cuando no se usa correctamente…

Francisco Rodríguez Criado es escritor y corrector de estilo

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