La economía del lenguaje

La economía del lenguaje es un tema que suele aparecer en conversaciones literarias y lingüísticas. Pero ¿a qué nos referimos exactamente con esta expresión? ¿Acaso no resulta raro mezclar algo propio de los números, como es la economía, con el lenguaje, que pertenece al ámbito de las letras?

Te lo explicamos en pocas palabras, como no podría ser de otra manera, teniendo en cuenta la temática de este post. 🙂

Adelantamos que el término “economía”, por supuesto, no se refiere a aspectos monetarios, sino al valor y al costo de las palabras en la comunicación. Este principio es fundamental en la estructura del idioma y se manifiesta en la eficiencia con la que las personas eligen y utilizan sus palabras.

Fue el lingüista francés André Martinet quien creó el principio de la economía del lenguaje. Según su teoría, los humanos buscamos la forma más eficiente de realizar una tarea implicando el menor trabajo posible.

Lo que nos explican los expertos en lenguaje, en la línea de Martinet, es que las lenguas se basan en la administración de unos recursos lingüísticos limitados para, a partir de ellos, establecer canales de comunicación. Trasladado eso al papel, la economía del lenguaje consiste en escribir de manera clara y concisa para que el mensaje sea fácilmente comprensible por el receptor. Escribir en corto permite que el mensaje sea más fácil de procesar tanto para el emisor como para el receptor.

Por decirlo con otras palabras, la economía del lenguaje se refiere a la aplicación de la “ley del mínimo esfuerzo” en el uso del lenguaje. Ahora bien, esto no es tan simple como suena. De hecho, escribir con brevedad y sencillez es difícil. Recordemos al autor estadounidense Mark Twain, quien, con su habitual sorna (no exenta de razón), nos dejó esta cita a priori contradictoria:

“No tuve tiempo de escribir una carta más corta, así que en lugar de eso escribí una larga”.

Mark Twain

¿Y por qué hace falta tiempo para escribir en corto? Pues porque la escritura basada en la precisión y en la concreción necesita esfuerzo, concentración y a menudo mucha corrección. Hay que pulir al máximo, escoger las palabras adecuadas para transmitir una idea (ninguna más de lo estrictamente necesario).

Esto, amigos, es la economía del lenguaje.

No todos los escritores son partidarios de la economía del lenguaje, faltaría más. Muchos son expansivos, y no entra en sus objetivos decir lo máximo con pocas palabras. Muy al contrario, lo atractivo de la propuesta literaria de estos -llamémosles así- derrochadores está en su verbosidad, en su voluptuosidad lingüística. Hacemos notar que este modelo de escritura expansiva es igualmente respetable, siempre que se haga bien.

Francisco Rodríguez Criado, escritor y corrector de estilo

Imagen destacada: Clker-Free-Vector-Images (Pixabay)

Microrrelatos

Escribiendo bien se entiende la gente

corrector de estilo, presupuesto

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.