La corrección de estilo y las canas ante el espejo

Acabo de revisar uno de los mejores relatos cortos que he escrito nunca. Le he hecho un par de correcciones que han merecido la pena. No eran grandes correcciones, pero entiendo que necesarias. La criatura está ahora suave y sedosa como el culito de un bebé, valga el lugar común. Eso… hasta que vuelva a leerlo más adelante y tenga que meter de nuevo la tijera o el rotulador para mejorar algún fragmento.

Es lo que tiene leerse con ojos críticos: que uno no termina nunca de enmendarse la plana. Es algo así como mirarte al espejo a primera hora para descubrir una cana que no estaba (o creías que no estaba) el día anterior.

corrector de estilo, presupuesto

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