Están cambiando los tiempos… y la manera de citar los años

En los últimos tiempos se ha puesto de moda entre políticos y periodistas citar los años de un modo diferente al que estamos acostumbrados. Se les escucha decir con mucha frecuencia y pomposidad frases como “¿Recordáis lo que sucedió en el año 18”? (o en el año 19, o en el 22, o en el 23…).

Quienes somos escrupulosos en la defensa del buen uso del idioma nos negamos a apoyar este tipo de modificaciones caprichosas. Porque, si entramos en materia, ¿qué ocurrió en los años 18, 19, 22 o 23? Por poner solo algunos ejemplos: en el año 19 moría el general Germánico Julio César; en el 20 fue construida la estatua de Augusto de Prima Porta (descubierta en 1863 en un suburbio de Roma); en el 22 Cayo Sulpicio Galba fue nombrado cónsul; y en el 23 finalizó la Dinastía Xin en China, que vivió un corto de periodo de anarquía hasta el año 25, cuando se restauró la Dinastía Han.

¿Qué sentido tendrá tragarse 2.000 años en esta nueva fórmula de citar? ¿Tal vez para ahorrar palabras? Nada de eso. No hay ahorro de palabras, y tampoco de caracteres. Hay “en el año 19” [diecinueve]” 4 palabras y 17 caracteres, mientras que “en 2019” [dos mil diecinueve] encontramos 2 palabras y 17 caracteres.

No es por tanto una forma de abreviar, sino, como decía antes, un capricho que se ha puesto de moda entre políticos y periodistas campanudos.

¿Llegará esta moda al ciudadano de a pie? Creo que no, de igual manera que en la calle solemos ahorramos la cursilada de la locución verbal “poner en valor” (en vez de “valorar” o “destacar”).

Mientras tanto, hasta que los políticos y los periodistas gregarios se aburran de la novedad, tendremos que seguir soportando oír acerca de “la pandemia del año 20” y otras bobadas similares.

Francisco Rodríguez Criado, escritor y corrector de estilo

Imagen creada con inteligencia artificial (Copilot)

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