Relatos cortos
El mejor microrrelato de la Historia
El que tiene fama de ser el mejor microrrelatista de las últimas décadas, consagrado por público y crítica, acaba de pergeñar una pieza literaria. Todo un valioso ejercicio de economía del lenguaje (solo 127 palabras), una brillante ficción en la que, manera sutil, explica cómo entiende el futuro de la humanidad. Está muy contento: ha sabido plasmar con mucha puntería su opinión sobre el devenir del Hombre.
Microrrelato de Francisco Rodríguez Criado: La explosión
El día en que el abuelo dejó su casa del pueblo, la que había sido su hogar desde que se casó, y se vino a vivir con nosotros, tuvo la mala suerte de que encendió la radio de papá (muy antigua, de válvulas, la joya de la corona de su colección) justo en el momento en que explotaba una botella de gas propano en la vivienda de al lado
El eterno inquilino. Relato de Francisco Rodríguez Criado
El mobiliario de la vivienda consistía en un sofá desfondado, un pequeño armario y una cama de matrimonio. Una pérdida de espacio, pensó al echarse cansinamente sobre aquel catre: “Demasiado grande para una sola persona”. Un aparato de radio y un pequeño frigorífico, a cuál de ellos más viejos, propiedad de la casera, eran los únicos lujos que podría disfrutar por ahora. Para su sorpresa, ambos funcionaban a la perfección –aunque el frigorífico, vacío, nada tuviera que enfriar–.
¿Es usted el último? | Relato de Francisco Rodríguez Criado (Premios Literarios)
Sigo compartiendo con los lectores de CORRECTOR LITERARIO los textos con los que he ganado concursos literarios. En este caso, es el turno del relato humorístico “¿Es usted el último”?, que quedó finalista en el «Concurso de relato cómico de Lamucca Historias con (buen) humor» (2022). Se presentaron 1.600 textos, y mi relato de humor quedó en la 6.º posición.
Relato de humor de Francisco Rodríguez Criado: «¿Quién es el último?» (Premios literarios)
«Todas las personas que están en la cola se giran hacia mí y se ponen a cuchichear primero, y después, poco a poco, comienzan a increparme. El ambiente está enrarecido. En esto sale el farmacéutico, alertado por el lío, y al enterarse de lo ocurrido me pide que me marche. Yo intento ejercer mis derechos de ciudadano libre, pero ellos, cada vez más hostiles, me rodean, me insultan, me zarandean».